Pasar unos días de descanso en la playa es beneficioso para nuestro organismo: exponerse al sol aumenta niveles en vitamina D y mejora ciertas afecciones dermatológicas; paseos a la orilla del mar pueden ayudar en ciertas patologías articulares; la brisa marina es susceptible de prevenir algunas enfermedades respiratorias; ausencia de estrés, así como ionización negativa de la brisa marina aumentan niveles de serotonina disminuyendo ansiedad. No obstante, todo debe realizarse siguiendo ciertas precauciones.

Los rayos UV son energía radiante que emite el sol y se dividen en tres tipos: UVA, UVB y UVC. Los rayos UVC se absorben por gases de la atmósfera, aproximadamente 10% de los UVB alcanzan la superficie terrestre, mientras los UVA lo hacen en mayor medida. Sin embargo los UVB producen daño biológico y pueden contribuir a provocar quemaduras, bronceado, envejecimiento prematuro y cáncer de piel.

Los fotoprotectores 

  • Físicos: Su efecto se debe a que crean una barrera física que evita los rayos del sol penetren la piel.
  • Químicos: Los rayos del sol sí llegan a la piel, sin embargo estos componentes absorben la radiación transmutándola inocua.
  • Biológicos: Compuestos antioxidantes, contrarrestan daños que causan radiaciones del sol en las células de la piel.
  • Mixtos: son filtros que combinan los anteriores, por tanto cuidan la piel de múltiples formas y a varios niveles.

Para una fotoprotección adecuada es recomendable utilizar productos que poseen un FPS 15 o mayor. No obstante, el cuidado ideal estará determinado en función del tiempo en exposición al sol, tipo de piel y factores ambientales como altitud (a mayor altitud más radiación solar), contacto con agua y presencia de superficies reflectantes como arena o nieve.

Aplicación 

  • Se debe colocar de 20 a 30 minutos antes de la exposición solar y en cantidad suficiente.
  • Distribuir en la totalidad de zonas que estarán expuestas incluyendo pies, orejas, cuello y labios.
  • Se debe aplicar constantemente en función de su textura y FPS, así como hora del día, intensidad del sol, tipo de piel y contacto con agua. Se aconseja hacerlo cada 2 horas.
  • No emplear en menores de 6 meses, antes de esta edad la piel del bebé se protegerá utilizando recursos físicos: ropa, sombrilla…
  • Es importante consultar un dermatólogo si se padece alguna enfermedad cutánea, a fin de que nos indique si podemos aplicar un fotoprotector y nos prescriba alguno.

Doctora Bianca Morales

Cédula 6533410

Fuentes